Cellphone

Imagen: MattJP

En un planeta que ya sobrepasó las 6 billones de suscripciones móviles, todavía existen alrededor de 775 millones de personas que no saben leer y escribir, 61 millones de niños no van a la escuela y muchos más están cerca de abandonarla.

A tan solo unos días de que se realice la Mobile Learning Week en París, es buen momento para reflexionar acerca de esta relación tecnología-educación a la cual todavía le quedan muchos desafíos por superar.

Una industria consolidada

Años atrás el teléfono celular solo era un objeto de supervivencia que permitía mantener una conexión rompiendo las barreras del tiempo y el espacio, después empezamos a delegarle nuestros momentos de ocio, rutina diaria, tareas pendientes y la memoria.

Creamos una identidad móvil tan importante que hoy podemos desde elegir y derrocar gobiernos hasta hacer un curso rápido de cocina a través de un smartphone. El mLearning (Mobile Learning) es otra opción de educación virtual que nos brinda la posiblidad de transformar el acceso y la forma de adquirir conocimientos y/o habilidades por medio de los dispositivos móviles.

Pero, ¿Cómo traducir esa relación con la tecnología en algo más que una simple mediación? No existe una verdadera disputa entre el sistema educativo tradicional y el e-learning, por lo menos no una que sobrepase la económica. El problema es cuando adaptamos modelos como alumno perezoso, sin entender las necesidades específicas de nuestra comunidad.

Aprovecha al máximo la tecnología

Esto va más allá de los costos que se ahorran las instituciones en hardware si implementan sistemas como el BYOD (Bring Your Own Device), llevar tu tablet a la escuela para utilizarla en clase no es una idea descabellada, aunque exige unos parámetros de conducta como cualquier otro método, resulta una táctica excelente para motivar la búsqueda constante del conocimiento fuera del aula.

Mientras que la discusión sobre los beneficios y problemas que puede generar el BYOD en escuelas y ambientes laborales continúa, cada vez es más clara la necesidad de una actitud innovadora que obligue renovar el “sistema”. Bailey Mitchell, director de tecnología para las escuelas del condado de Forsyth en los Estados Unidos, señala en el estudio “Building on the “Bring Your Own Device” (BYOD) Revolution”:

En nuestra experiencia, cuando los estudiantes no tienen el mismo dispositivo, el mismo software, todo igual, los profesores se ven forzados a pensar diferente acerca del manejo del aprendizaje

Conocimiento breve y efectivo

Reading

Imagen: inna

Otra forma bastante exitosa de implantar la educación virtual a través de la plataforma móvil es el “Bite-sized learning”. Consiste en generar contenido breve que no tome más de 5 minutos en consumirse, información concisa y relevante, fácil de retener para luego aplicar.

Rachna Kaura asesora en G-Cube Solutions, hace un análisis detallado de esta idea en su blog y expone como principales cualidades de la metodología:

  • Atrapa al estudiante. Desarrolla las capacidades interpersonales y resuelve las necesidades inmediatas de aprender algo nuevo.
  • Ahorra tiempo. Cada módulo comprende un tema específico, permite elegir información relevante.
  • Motiva. Brinda soluciones personales en cualquier momento.
  • Fortalece el aprendizaje semipresencial (Blended Learning). Funciona como una plataforma para el acceso a materiales fuera del aula o LMS.
  • Evaluaciones y tareas. Los alumnos pueden tomar test cortos y realizar actividades que los comprometan con el contenido.

Lápiz y papel no son suficientes

Aunque vivimos en un mundo donde millones de niños aún sueñan con ir a la escuela, desafíos como este requieren alumnos que sean maestros y maestros que sean alumnos. La tecnología móvil puede fomentar y hacer realidad esta idea, no solo conectando las personas sino también permitiéndoles aprender a resolver sus necesidades primordiales al instante.

La enseñanza de herramientas útiles en la cotidianidad, la conservación de tradiciones que resuelven problemas, tienen en dicha plataforma la oportunidad para contribuir al desarrollo socioeconómico del planeta. Las comunidades que valoran las aptitudes por encima de los diplomas han existido desde siempre.

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